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Mostrando las entradas con la etiqueta 2 Durango

La prueba que falta

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  “El primer juicio en el mundo en conocer el derecho moderno”   Fachada duranguense (Fotos: Mario Yaír T.S.)   Son las 10 de la noche del 8 de agosto de 1835 en Durango. Nepomucena Alcalde, de apenas 19 años, corre atada por los pasillos de su casa en la calle del Pendiente (hoy Patoni) hasta la cocina. Tres sirvientas dormidas dentro escuchan como patea la puerta y grita ¡Auxilio! ¡Hirieron a mi marido! La sirvienta Josefa le ofreció desatarla, pero Nepomucena exigió correr así hasta el cuartel.    Las calles enlodadas por la lluvia son testigos del policía que acompaña a las mujeres desde el cuartel hasta el lugar del crimen. Al centro de la recámara, Silvestre Hernández con la cabeza medio cercenada y un charco de sangre que le brota del vientre, ha fallecido. Nepomucena asegura que dos hombres la amenazaron y que al intentar un robo hirieron a su marido, pero puertas y ventanas están cerradas por dentro y no hay una sola huella de lodo en la casa. Sol...

El tiempo del mural

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“Las anécdotas en torno a la técnica de Guillermo Ceniceros”   Estación del metro Tacubaya (Fotos: Mario Yaír T.S.) Existen unos bastidores de madera con fibra de vidrio pegada con acrílico. Sobre estos, las pinturas pueden crear formas interesantes que aprovechan los artistas para sus obras, pero cuando Guillermo Ceniceros conoció el material prefirió experimentar con él. Poner pasta, raspar, poner pintura, sacar figuras; en la pintura de Ceniceros las texturas son partes integradas a la pieza que la dotan de formas a veces bruscas, a veces delicadas, que aparecen con la talla de una pala y la maestría de un pincel. Le da un tono desgastado, antiguo, dañado, complejo.   Por eso Ceniceros usó esta técnica para sus murales. Con ayuda de sus aprendices pintaba y raspaba las paredes para descubrir las formas. Pintaba y raspaba, pintaba, dejaba secar, y quitaba. - Se ve que son nuevos – les grita un vigilante que los mira pintar desde lejos – no les sale ¿verdad?   ...

Los pasos de Roma

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“La historia de vida de un inmueble señorial duranguense” Hotel Roma (Fotos: Mario Yaír T.S.)   La gente entra, la gente sale; la cantera y las vigas quedan como testigos mudos de sus habitantes. Es la casa de Luciano Veyán Lapelouse, un comerciante de sedas que probó suerte con las haciendas y logró convertirse en un rico terrateniente duranguense con suficiente dinero para construirse en 1907 una mansión.   El hombre es viudo, por lo que ha decidido vivir en el centro de la ciudad el resto de su vida. El arquitecto francés Redingot no la vio, él solo hizo el diseño pues el contratista Tomás García es quien llevó la casona a la vida. Entra y sale supervisando la obra. También entran una multitud de antigüedades virreinales que Lapelouse resguarda en los cuartos de atrás. Es su museo personal y su pasatiempo de coleccionista.   Los doctores entran a la casona el 2 de noviembre de 1911. Lapelouse sufre la enfermedad de Parkinson y ha perdido el habla, ya no puede traga...

La ilusión que mira al horizonte

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 “El origen de la mujer que aparece en la catedral de Durango"   Catedral de Durango (Fotos: Mario Yaír T.S.)   - Ahí está ¿Ya la viste? - No… ¿A dónde? - ¡Ahí! En la segunda torre ¡La de atrás! - El foco me deslumbra… no veo nada… - Arribita del foco… - ¡Ya la vi! ¡Si es cierto, ahí está! La exclaustración llega a Durango y todos los conventos son cerrados por órdenes de la ley. Una de esas monjas era Beatriz que al salir del convento descubre a una madre fallecida y a un padre enfermo en su lecho de muerte. Sin nada más que penas, la vida de aquella joven monja trascurría entre la casa y la catedral, donde negada a quitarse el hábito rezaba fervientemente. Entonces llegó la intervención francesa. La historia dice que uno de los soldados que entró a la ciudad junto con las tropas francesas de nombre Fernando, fue atacado por un joven celoso en uno de esos pleitos de barrio. Ante las puñaladas asestadas, Fernando pidió auxilio en la primer casa que vio en su cam...