El talismán olvidado

“Las consecuencias históricas de olvidar una piedra de la suerte...”
 
Ágata (Fotos: Mario Yaír T.S.)

En 1913 el coleccionista y minerólogo George Frederick Kunz publicó un libro fascinante (y quizá una de sus obras más conocidas): “The curious lore of Precious Stones”. En un trabajo que le llevó varios años, Kunz se dedicó a investigar todos los simbolismos, supersticiones y significados astrales, zodiacales y adivinatorios que la gente le daba a las piedras preciosas.

Un capítulo habla de las ágatas. Kunz cuenta que antiguamente se usaban como amuletos para protegerse de los obstáculos terrenales: vientos, rayos o la furia del océano para los marinos. Plinio aseguraba que los persas evitaban las tormentas quemando ágatas. En el cristianismo, aquel que portara un ágata obtenía el favor de Dios y los médicos la usaban para curar el insomnio y las pesadillas. Hecha polvo y mezclada con agua se decía que contrarrestaba el veneno de las serpientes. Y se creía que protegía a los niños de las caídas y a los adultos del peligro…

Talismán de Ágata
 
A miles de kilómetros de la casa de Kunz, un indígena desconfiado guarda en su bolsa derecha de la chaqueta, la pequeña ágata que desde hacía años portaba como talismán. Quienes lo conocen aseguran que no hay día en que no traiga la piedra consigo y en los momentos de mayor temor su mano busca el mineral siempre en el bolso derecho. Ese hombre está a punto de escuchar que en la Ciudad de México, acaba de ser asesinado Francisco I. Madero.

Solamente una vez este personaje olvidó su preciado talismán. Después de haber tomado un almuerzo ligero, pues había sido invitado a desayunar en Chinameca, el General Emiliano Zapata dejó la pequeña piedra sobre la mesa. Horas después el disparo de la cámara capta los ojos desorbitados de sus soldados que aún no comprenden la noticia. Van cargando el cadáver del acribillado general con la bolsa derecha de su chaqueta completamente vacía.

Kunz rescata un poema del siglo XI escrito por el obispo de Rennes sobre el ágata:
Adornado con esto […] por persuasión obtendrás tu anhelo […] y volverás con todos tus deseos cumplidos, regocijándote a casa.
 
Ropa y objetos que Josefa Espejo conservó al enviudar
 

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